Nicasio Pajarito González.
Rama: Barro.

Especialidad: Canelo.

Nicasio nació en Tonalá, el 13 de octubre de 1935. Toda su vida la ha
dedicado a desentrañar los secretos del barro, a partir de su técnica
predlecta: el bruñido.
Las formas de sus piezas son únicas, las elabora con sumo cuidado y
llaman la atención por la belleza de la decoración y la perfección en el
acabado.
Grandes trozos de barro de diferentes tipos (blanco, negro, rojo) y
propiedades constituyen la materia de trabajo de este artesano
jalisciense. Si los yacimientos en donde se encuentra esta materia
prima tienen dueño, paga un permiso de extracciòn o renta el lugar por
un tiempo.

Los hijos de don Nicasio, Zenón e Isabel, parten los trozos y los meten
en un molino que los pulveriza; lugo pasan el polvo por un cernidor
grande. Después mezclan en seco los diferentes tipos de barro, de
acuerdo con la clase de pieza que desee fabricar; por ejemplo, si se
desea obtener el barro canelo, hay que mezclar el pegajoso barro
negro con el barro blanco. Enseguida, vierten un poco de agua sobre
los barros seleccionados, los tapan y los dejan "pudrir" o fermentar por
una breve temporada.

Antes de empezar a trabajar, sacan una cantidad de material, la
extienden en el piso y la pisan con los pies desnudos, buscando las
bolsitas de aire que pudiera contener el barro. Cuando van a hacer un
botellón, una de las piezas más complicadas, modelan a mano las
diferentes partes: la pata base o asiento, el cubo o cuello y las jícaras
que forman el cuerpo del botellón. Estas últimas se unen con barro y
agua de manera que formen una esfera; luego borran las junturas con
una "piedra de Castilla" que utilizan para alisar.

Una vez seca la pieza, adhieren el asiento y abren un boquete redondo
en el otro extremo, en cuyo perímetro se ajusta el cuello. Para
emparejar la superficie aplican un baño de engobe y dejan secar la
pieza en la sombra, durante un tiempo. La lijan, le limpian el polvo con
agua, le ponen otra capa de barro matíz (embeber), la dejan secar de
nuevo y ya está lista para la decoración o "embaye".
Para decorar, empiezan por los adornos más gruesos; después, con
pinceles más finos, crean los dibujos más delicados: flores, grecas y
una especie de palmeado. Bruñen con una piedra por largo tiempo y
con mucha fuerza, para fijar bien los colores, al mismo tiempo que
cierran el poro del barro. Por último pasan un trapo suave sobre la
piedra que ya está lista para entrar al horno. La quema la hacen con
leña en un horno circular y abierto durante unas tres horas; al final, las
tierras usadas como pinturas adquieren una coloración canela y las
piezas quedan con un terminado brillante, a tres tintas, en una gama
de ocres.                            
                                                     
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